La carta del día


El portugués Fernando Pessoa es un caso sin parangón en toda la historia de la literatura. Poeta y ensayista igualmente extraordinario, su personalidad literaria se desdobló en diferentes heterónimos, sobre los cuales se han escrito y se seguirán escribiendo toneladas de artículos críticos y monografías universitarias. Pero probablemente ningún ensayo podrá igualar a esta carta que Pessoa envía, meses antes de su muerte, al poeta y crítico Adolfo Casais Monteiro. Allí Pessoa –por pedido de su interlocutor- recuerda la génesis de sus heterónimos. Vinculado a la revista Presencia, en la que colaboró Pessoa, Casais Monteiro publicó en 1942 la primera compilación poética del autor de Oda Marítima.

Fernando Pessoa a Adolfo Casais Monteiro

Lisboa, 13 de enero de 1935
Mi apreciado colega:
(…)Paso ahora a responder su pregunta sobre la génesis de mis heterónimos. Vamos a ver si logro explicarme totalmente.
Comienzo por la parte psiquiátrica. (…)el origen mental de mis heterónimos está en mi tendencia orgánica y constante a la despersonalización y a la simulación. Estos fenómenos –felizmente para mí y para los demás– se cristalizaron en mi mente, quiero decir que no se manifiestan en mi vida práctica, exterior y de relación con la gente; estallan hacia adentro y sólo yo los vivo.
(…)Desde niño fui propenso a crear a mi alrededor un mundo ficticio, a rodearme de amigos y conocidos que nunca existieron. (No sé, entendámonos, si no existieron o si soy yo quien no existe. En estas cosas, como en todas, no debemos ser dogmáticos). Desde que me sé un yo, recuerdo haber fijado mentalmente, con sus correspondientes figuras, movimientos, caracteres e historias, varios personajes irreales que eran para mí tan visibles y míos como las cosas que forman parte de lo que designamos, quizás abusivamente, vida real.
(…) Allá por 1912, salvo error (que nunca puede ser grande), tuve la idea de escribir unos poemas de índole pagana. Esbocé algo en verso irregular (no en el estilo de Álvaro de Campos, sino en el estilo de regularidad intermedia), y abandoné el asunto. Con todo, y envuelto en penumbra, adivinaba en mí el semblante vago de la persona que estaba haciendo aquello (Había nacido, sin que yo lo supiera, Ricardo Reis).
Un año y medio o dos después, (…)me acerqué a una cómoda alta y, tomando un manojo de papeles, comencé a escribir de pie, como escribo siempre que puedo. Escribí más de treinta poemas seguidos, en una especie de éxtasis cuya naturaleza no conseguiría definir. Fue el día triunfal de mi vida, y nunca podré tener otro igual. Empecé con un título –El cuidador de rebaños– y lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, a quien, desde un primer momento, di el nombre de Alberto Caeiro. Perdóneme el absurdo de la frase: había aparecido en mí mi maestro. Fue esa la sensación inmediata que tuve. Y tanto fue así que, una vez escritos esos treinta y tantos poemas, tomé inmediatamente otro papel y escribí, también uno tras otro, los seis poemas que constituyen la Lluvia oblicua, de Fernando Pessoa. Inmediata y completamente… Fue el regreso de Fernando Pessoa –Alberto Caeiro a Fernando Pessoa propiamente dicho–. O mejor, fue la reacción de Fernando Pessoa contra su inexistencia como Alberto Caeiro.
Aparecido Alberto Caeiro, traté enseguida de descubrirle –instintiva y subconscientemente– algunos discípulos. Arranqué de su falso paganismo el Ricardo Reis latente, le descubrí el nombre y lo ajusté a sí mismo, porque a esa altura ya lo veía. Y de repente, y en derivación opuesta a la de Ricardo Reis, me surgió impetuosamente un nuevo individuo. Arrolladoramente y escrita a máquina, sin enmiendas ni interrupciones, surgió la Oda triunfal de Álvaro de Campos –la oda con ese nombre y el hombre con el nombre que tiene.
Creé, entonces, una coterie inexistente. Fijé todo aquello en moldes verosímiles. Gradué las influencias, conocí las amistades, oí, dentro de mí, las discusiones y divergencias de criterio, y en todo esto me parece que yo, que fui el creador de cuanto le digo, nada tuve que ver con ello. Como si todo hubiese ocurrido independientemente de mí.
(…) Lo abraza el compañero que mucho lo estima y admira.

Fernando Pessoa.




Héctor Berlioz, en su carácter y en su obra, unió los dos sentidos habituales de la palabra “romántico”: adhirió con originalidad a la estética del romanticismo y además fue un hombre enamoradizo y con tendencia a un sentimentalismo patológico. Su obra más famosa, la Sinfonía fantástica, estrenada en 1830, fue inspirada por la actriz Henrietta Smithson, quien rechazó al músico por parecerles sus cartas exageradamente apasionadas. Esta carta, de tono más sosegado y melancólico, fue enviada a otro de sus amores platónicos.

Héctor Berlioz a Estelle Fornier

Señora:
Existen pasiones fieles, obstinadas, que sólo mueren con nosotros…Tenía yo doce años cuando vi por primera vez, en Meylan, a la señorita Estelle. Ud. No podía ignorar en esa época hasta qué punto había trastornado ese corazón de niño que se destrozaba bajo sentimientos desproporcionados, y creo que Ud. Tuvo la muy excusable crueldad de reírse de ellos algunas veces. Diecisiete años más tarde (volvía de Italia), mis ojos se llenaron de lágrimas, de esas lágrimas que hace brotar el recuerdo, cuando percibí en nuestro valle la casa que usted habitó.
(…) Ayer, señora, después de pasar prolongadas y violentas emociones; después de hacer peregrinaciones a lejanos lugares, emprendí una peregrinación largamente acariciada. He querido volver a ver todo, y lo he visto: la casita, el jardín, la arboleda, la alta colina, la vieja torre, el bosque que la circunda y el eterno peñasco. (…) Nada ha cambiado: el tiempo ha respetado el templo de mis recuerdos. Hoy sólo lo habitan desconocidos.
(…) Adiós señora, vuelvo a mi torbellino; probablemente no me vea nunca más. Usted ignora quién soy, pero me perdonará, creo, la extraña libertad que me he tomado al escribirle. También le perdono de antemano que ser ría de los recuerdos del hombre, como se rió de la pasión del niño.

Despised Love (1)

1. En inglés, “Amor desdeñado”, frase de Hamlet.
Héctor Berlioz.

Dharma y Karma


Dharma es una palabra sánscrita que significa ‘religión’, ‘ley natural’, ‘orden social’, ‘conducta adecuada’ o ‘virtud’.
Se utiliza en casi todas las doctrinas y religiones de origen védico (las religiones dármicas), como el hinduismo (llamado por los hindúessanátan dharma, la ‘eterna religión’), el budismo, el yainismo y el sijismo.

Dharma tiene varios significados, como ‘algo establecido o firme’, figurativamente: ‘sustentador, apoyo’ (en el caso de deidades) y en sentido más abstracto, es similar al término griego nomos, ‘norma fija, estatuto, ley’.
El término aparece ya en el Átharva vedá (I milenio a. C.) y en el sánscrito clásico. En idioma pāli toma la forma dhamma (como se utiliza muchas veces en el budismo). Algunos budistas dicen que dhamma significa ‘camino de las grandes verdades’.

En el hinduismo, el dharma es la ley universal de la naturaleza, ley que se encuentra en cada individuo lo mismo que en todo el universo. A nivel cósmico esta ley se concibe manifestada por movimientos regulares y cíclicos. Por este motivo se simboliza al dharma como una rueda (dharma-chakra: ☸) que torna o gira sobre sí misma. Este símbolo es el que se encuentra en la bandera de la India.
A nivel del individuo humano, el dharma adquiere una nueva acepción: la del deber ético y religioso que cada cual tiene asignado según su determinada situación de nacimiento.
Existen varios textos acerca del tema del deber, llamados genéricamente Dharmasastra, entre los que se incluyen las Leyes de Manu.
Los hindúes no llaman «hinduismo» a su religión, sino sanatana dharma, que se traduce como ‘religión eterna’.

Dentro del budismo la noción del dharma (entendido como doctrina) se dividió para su mejor comprensión en las llamadas Tipitaka:
 sutras (enseñanzas del Buda Siddharta Gautama mismo);
 vinayas (reglas monásticas proporcionadas por Buda); y
 abhidharma (comentarios y discusiones sobre los sutras y vinayas por los sabios de períodos posteriores).
Estos tres conjuntos de escritos conforman el Canon Pali o también tal cual se ha dicho llamado Tipitaka. El dharma es uno de las llamadas tres joyas (mani) o tesoros del budismo junto con Buda y Shanga.
Es por esto que la mención de la palabra dharma es frecuente entre los budistas, ya que constituye uno de los principales elementos de la llamada «fórmula del triple refugio»:
En la shanga [‘comunidad’] me refugio
en el dharma [‘doctrina’] me refugio
en el Buda me refugio
y por ellos actúo.

Ley de Karma y Darma

Ante todo es necesario que entendamos lo que es la palabra sánscrita Karma. No está de más aseverar que tal palabra en sí misma significa Ley de Acción y Consecuencia. Obviamente, no existe causa sin efecto, ni efecto sin causa. Cualquier acto de nuestra vida, bueno o malo tiene sus consecuencias.
Es indubitable que el Ego comete innumerables errores cuyo resultado es el dolor. Pensemos por un momento en las muchedumbres humanoides que pueblan la faz de la Tierra. Sufren lo indecible víctimas de sus propios errores; sin el Ego no tendríamos esos errores, ni tampoco sufriríamos las consecuencias de los mismos.
Lo único que se requiere para tener derecho a la verdadera felicidad es ante todo no tener Ego. Ciertamente, cuando no existen dentro de nosotros los agregados psíquicos, los elementos inhumanos que nos vuelven tan horribles y malvados, no hay Karma por pagar y el resultado es la felicidad.

Es una metáfora frecuente afirmar que cuando Buda enseñaba, estaba haciendo girar la rueda del Dharma.
El primer aspecto de la enseñanza de Buda se centra en las cuatro verdades nobles, y las tres características de la existencia:
duhkha, que se ocupa de las cuatro verdades nobles,
anica, que es el principio de fugacidad que está detrás de todo y,
anatman, que es la noción de que no existe un yo permanente y duradero.

Las Cuatro Verdades Nobles

Históricamente, se sitúa el origen del budismo en el norte de la india, probablemente en el s. VI o V a.C., cuando Siddhartha Gautama, alcanzó la "iluminación", o la verdad última mediante la cual los seres humanos se libran del ciclo de renacimientos. Buda significa pues "iluminado" y enseña a los otros el modo de liberarse de las sucesivas encarnaciones y el sufrimiento.
Buda se consideraba a sí mismo como un médico que diagnosticaba la enfermedad y prescribía una cura que las personas pudieran aplicarse a sí mismas. Así, señaló el recto camino a seguir. Había crecido en el seno de una dinastía real, al abrigo de los sufrimientos del mundo, pero al salir del palacio en su carro, vio a un hombre enfermo, a un anciano y a un cadáver. Perturbado por su visión de lo que le esperaba en el futuro, pensó en liberarse de ese destino y cuando en otra salida vio a un demacrado asceta religioso abandono a su mujer e hijo para entregarse al ascetismo indio. Durante todo ese período, alcanzó todas las metas que la más severa disciplina permite alcanzar, pero nada era suficiente para escapar del mundo del sufrimiento y la muerte. Desesperado se sentó en Bodh Gaya, bajo el árbol Bodhi donde pasó a través de los cuatro estadios de dhyana/jhana, o trance meditativo, y alcanzó finalmente la iluminación. No obstante haber decidido inicialmente permanecer allí, "viendo todas las cosas como ellas realmente son", el dios hindú Brahama lo persuadió de que enseñara a los demás las verdades que hasta los dioses ignoran.

Lo que Buda vio puede resumirse en las Cuatro Verdades Nobles, que son:
1. Toda existencia es dukkha, insatisfactoria y llena de sufrimiento
2. Dukkha surge de tanha y vehemente deseo que significa un permanente esfuerzo por hallar algo estable en un mundo transitorio
3. Dukkha puede cesar totalmente, esto supone alcanzar el nirvana
4. El nirvana puede alcanzarse a través de un Óctuple sendero, aún sin un orden determinado.

Cada uno de éstos ocho pasos es designado como "recto" (samma):
1. Comprensión recta
2. Comportamiento recto
3. Discurso recto
4. Conducta recta
5. Existencia recta
6. Esfuerzo recto
7. Memoria recta
8. Concentración recta

La comprensión recta incluye la comprensión vital de "surgimiento condicionado" u "origen dependiente" tema central de la compresión budista. Es una cadena de doce eslabones que explican de qué manera están conectadas entre sí todas las cosas, como surgen el error y el aferrarse al error y cómo, si a cadena es transitada sin inconvenientes, se alcanza el nirvana.
Según esta creencia, las cosas existentes dependen una de las otras, y sólo es nirvana es independiente de ellas.
Nacido en la India, el Buda acepto el contexto general de la cosmovisión india, pero modificó sustancialmente muchas otras. Si bien aceptó la reencaración como subsidiaria del karma, su significado profundo fue que no hay alma (atman) que pueda renancer porque en nada hay permanencia. Solo existe la secuencia de un momento de aparición que da origen a otro siguiente, de modo que la muerte representa simplemente una nueva forma de apariencia, como ser humano o como animal, en el cielo o en el infierno. Hasta los dioses, hay muchos, no son sino formas temporarias de apariencia.
El nirvana, debe entenderse como el rechazo del deseo y el desapego a la materia. Así, el nirvana puede alcanzarse en esta vida aún cuando residuos karmáticos pueden perdurar por algún tiempo.
Después de haber alcanzado la iluminación, Buda se dedicó a la enseñanza viajando con un grupo de seguidores. De allí surgio el budismo de los monjesbhikkhu/bhikshu la vid en comunidad (sangha) y la conexión con los laicos que proveen a los monjes lo necesario para su sustento material, mientras éstos los retribuyen con sus enseñanzas espirituales y les confieren dignidad para ellos y sus antepasados. Así, el budismo se resumen en las Tres Gemas:

1. Me refugio en Buda
2. Me refugio en la enseñanza (drama/dhamma)
3. Me refugio en el Sangha

Karma. Acción y Reacción

Cuando se siembran semillas de maíz se espera recoger, al cabo de unos meses, altos y verdes maizales con mazorcas amarillas de rojizos penachos... El mundo, según como se mire, parece simple. Hay una multitud de procesos que desencadenan siempre similares resultados.
¡ Tal es lo que siembra, tal es lo que recoge ¡, y ello no nos sorprende, porque es una vieja ley natural, cotidiana pero asombrosa. Algún día triste y solitario se van los seres que queremos, tal vez por la misma vereda que vinieron, y solemos decir: es ley de vida.
Si, la vida tiene definitivamente leyes invisibles y certeras. El Dharma En la Antigüedad clásica se concebía que estamos regidos por una Ley Total, al la que los hindúes llamaban Dharma. Una ley que hace que la araña sepa cómo se tejen y disponen sus radiales telas, que la dota de instintos que tienden a protegerla y a alimentarla. Es una ley que marca el rumbo de los planetas y, por lo tanto, la secuencia de las estaciones...
Una ley total porque abarca las diversas esferas de la vida: la materia física, los objetos aparentemente inertes y los cuerpos; la energía que la recorre, ya sea eléctrica, magnética, lumínica, calórica, y las subleyes físicas que las regulan y reúnen: las sensaciones, los instintos, las pasiones y las emociones, que desatan móviles y pujantes fuerzas psíquicas: los pensamientos concretos, especuladores y egoístamente interesados; las más elevadas ideas de fraternidad y dación; los más altos grados de bondad y profundidad mística y la más honda voluntad de Ser.
Para esta concepción clásica todo el Universo evoluciona hacia algún lugar, está caminando y tiene un sentido. Esta ley es, pues, una guía, un rumbo que lleva a la Naturaleza hacia su propia , que nos lleva de la mano pero no nos determina ni nos obliga. Las aves emigran según rumbos trazados por ellas previamente, pero una vez asentados en su conciencia grupal les impele a ser seguidos; circunstancias adversas les obligarán a alterar su camino pero no su conducta, que siempre les ha de llevar a buscar tierras cálidas.
Así, para los animales, conductas predeterminadas por las leyes naturales, auque les dejan libertad suficiente, desempeñan el papel que en el hombre ejerce una voluntad decidida. Según el propio grado de evolución se tiene más o menos libertad de criterio. Asimismo, el Dharma lleva a una gradual de unos seres respecto a otros, pues cada cual tiene un camino, un sendero de vida o shadana -como dirían los hindúes-, que al seguir lo conscientemente se hace fácil, ligero, agradable, como cuando un tronco viaja por el centro de un río sin tropiezos.
El hombre, en cambio, que más que un tronco es un chalupa, puede ir en contra de la corriente natural de la vida, remontarla, detenerse en las riberas, dejar pasar de largo su propia evolución, y hasta perder su tiempo vital, que indefectiblemente se le ha de escurrir de los dedos, sin poder retenerlo, porque los ríos al fin y al cabo siempre buscan el mar.
Pero... ¿dónde nos conduce este río de la Vida? El hombre puede ir contra la evolución que marca la Naturaleza, y, por ejemplo, querer aparecer como adulto siendo adolescente, o joven siendo ya un anciano, pero la ley natural lo empujará a su realidad. Otras veces, en cambio, puede encontrar su propia evolución cuando se enfrenta a los convencionalismos, cuando no se deja llevar por la masa, por lo establecido, cuando toma conciencia de sí mismo y se individualiza. En ese momento ha hallado su propia corriente, aquella que pone en juego todas sus capacidades de acción, de amor y de voluntad.
El propio conocimiento al enfrentarnos con la vida nos libera, y la Sabiduría es el estado final al cual tendremos gravitatoriamente, lugar en que nuestra vida se hace Ley aplicada. El Karma Según esta concepción profunda, expresada a través de la existencia de una Ley Total o Dharma, cada cual elige lo que desea vivir, y ejerce de hombre o de copia de hombre.
Según la mentalidad occidental, que tan acostumbrados nos tiene a la inconsciencia de nuestros actos, pareciera que los resultados o los efectos que provocan éstos nada tuvieran que ver con nosotros, pero la filosofía hindú nos recuerda que toda acción tiene aparejada su reacción, su efecto.
Cuando, por ejemplo, se exterminan los bosques y las diversas especies, y se altera la atmósfera con la contaminación, el cambio climático es un efecto inevitable. Y este cambio en el clima provocará inundaciones, tormentas impetuosas, olas de calor y frío desmedidas, pues es ley que todo efecto es a su vez un nueva situación creada, un nueva acción que nos lleva a nuevos efectos secundarios.
Cuando doblamos una rama inconscientemente ésta nos golpea en la frente, y cuando tenemos tiempo útil y lo desperdiciamos, al querer recuperarlo visitas o llamadas inesperadas nos interrumpen.
La Ley del Karma es la misma ley de acción y reacción que los occidentales asumimos para los fenómenos de la Física: a toda fuerza se le opone una reacción de igual fuerza y sentido contrario. Pero los hindúes amplían su visión y nos indican que afecta a todos los niveles concienciales de la Naturaleza, ya sea el físico, el energético, el emocional o el mental.

El Taoísmo


Lao-Tsé (“Viejo Maestro”), es también llamado Lao Tzu, Lao Zi, Laozi o Laocio. Es una figura cuya existencia histórica se debate, es uno de los filósofos más relevantes de la civilización china. La tradición china establece que vivió en el siglo VI a. C., pero muchos eruditos modernos argumentan que puede haber vivido aproximadamente en el siglo IV a. C., durante el período de las Cien escuelas del pensamiento y los Reinos Combatientes. Se le atribuye haber escrito el Dào Dé Jing o Tao Te Ching, obra esencial del taoísmo. De acuerdo con este libro, Dao o Tao ("el Camino") puede verse como el cambio permanente y éste es la verdad universal. Dentro de las dudas sobre su existencia y la etapa histórica en la que vivió, se cree que pudo ser contemporáneo de Confucio.
Lao significa “anciano” y Tsé, que quiere decir "maestro", es un antiguo título reservado a eruditos. Algunas historias relatan que su nombre propio era "Ĕr", su apellido Lĭ (su nombre completo sería Lĭ Ĕr,).
Poco se conoce acerca de la vida de Lao Tsé. Tanto su existencia histórica, como su autoría del Dào Dé Jing, son objeto de controversia. Sin embargo, se convirtió en un importante héroe cultural para generaciones del pueblo chino. La tradición asegura que nació bajo un ciruelo en una aldea de la Prefectura de Ku del estado de Chǔ. Tuvo como primer nombre Li-Er (orejas de ciruelo), aunque otras versiones sostienen que él era Po Yang-Li, proveniente de una familia de pescadores. Algunas leyendas sostienen que la gestación de Laozi requirió 81 años (la cantidad de capítulos que tiene su obra Dao De Jing) y cuando por fin nació, ya tenía el cabello blanco, arrugas en su rostro -propias de un anciano- y orejas bastante más grandes que las normales.
Conforme a la tradición, y a una biografía incluida en la obra de Sima Qian, Lao Tse fue contemporáneo de Confucio , aunque mayor que él, y trabajó como archivista en la Biblioteca Imperial de la corte de la Dinastía Zhou. Por intención o accidente, cuando Confucio se dirigía a leer los rollos de la biblioteca lo encontró en Zhou, cerca de la moderna Luoyang. De acuerdo con estas historias, Confucio y Laozi discutieron durante meses sobre el ritual y lo apropiado, cimientos del confucianismo. Laozi se oponía a lo que consideraba prácticas vacías, y la leyenda taoísta sostiene que estas discusiones fueron más provechosas para Confucio que para el contenido de la biblioteca.
Lao Tsé renunció luego a su puesto, quizás por la decreciente autoridad de la corte Zhou. Algunos relatos sostienen que viajó hacia el oeste montando un búfalo de agua, a través del estado de Qin. Cuando llegó al paso de Shanggu, el guardián reconoció al ilustre filósofo. Le suplicó que se quedase un año en su casa, antes de marcharse al destierro y escribiese un libro exponiendo su doctrina. El maestro se dejó convencer, escribiendo el Dao De Jing, y después marchó más al Oeste, adentrándose en el país de los Bárbaros, donde su rastro se pierde para siempre. Hasta entonces, Laozi sólo había propagado su filosofía oralmente.

Algunas de las controversias modernas sobre su vida incluyen:
• La discusión con Confucio, que pudo haber sido inventada por los taoístas para hacer que su escuela filosófica apareciese como superior al confucianismo.

• El autor real del Dao De Jing podría haber creado un personaje ficticio para que el origen del texto pareciese más misterioso, haciéndolo entonces más fácil de popularizar.

Su famosa obra, el Dào Dé Jing, ha tenido enorme influencia en China. Es un tratado místico que cubre muchas áreas de la filosofía, desde la espiritualidad individual hasta las técnicas de buen gobierno.
Laozi enfatiza el "Dao" (Tao), traducido usualmente como "el Camino", y expande su significado para abarcar el orden innombrable, inmanente, del Universo. Destaca el concepto de wei-wu-wei, "acción a través de la inacción", que no significa permanecer inmóvil sin hacer nada, sino evitar las intenciones explícitas y la voluntad que obstaculiza la fluidez armónica de la naturaleza. Los fines pueden alcanzarse respetando las formas en que las cosas naturalmente crecen y decrecen; así, las acciones realizadas de acuerdo con el Tao son más fáciles y más productivas que aquellas que pretenden contrariarlo. Laozi creía que la violencia debe ser evitada y que la victoria militar es una ocasión de duelo debido a la necesidad de usar la fuerza contra otros seres vivientes. Sostenía también que el exceso de leyes y reglas hacen más difícil el manejo de la sociedad, ya que oprimen las libertades de los pueblos.
Como muchos otros pensadores chinos antiguos, sus explicaciones usan con frecuencia paradojas, analogías, apropiación de citas antiguas, repetición, simetría, rima y ritmo. Los escritos que se le atribuyen son poéticos, densos y frecuentemente crípticos, y sirven como punto de inicio para la meditación sobre el Cosmos o sobre uno mismo. Muchas de las teorías estéticas del arte chino se basan en sus ideas y en las de su más famoso continuador, Zhuang Zi.

Las enseñanzas de Lao-Tsé, y consecuentemente las de la Filosofía Taoísta, están basadas en el análisis de la Naturaleza en su más amplio sentido, con el fin de obtener el enfoque acerca del funcionamiento natural de la existencia, para determinar cuál es el Orden Natural de las cosas. Esta visión Universalista es la que Lao-Tsé toma como punto de partida para su tesis filosófica, analizando el funcionamiento dual de la naturaleza universal existente (Yin-Yang) para luego ahondar en conceptos más amplios acerca del origen cosmológico del Universo, y así determinar el funcionamiento fluido u Orden Natural con el cual las diferentes formas han ido mutando para perpetuar la continuidad de la existencia. En base a esto, Lao-Tsé determina cuál es el Orden Natural que los seres vivos, y principalmente el Hombre debe llevar a cabo para mejorar su existencia y avanzar hacia el continuo cambio en pos de la superación, explicando como es que al no seguir estas normas naturales, el hombre se ha descarriado de su armonía cósmica y ha generado sus propias calamidades por contradecir el ritmo natural y lo ha sustituido por ordenanzas y actitudes absolutistas, superficiales y dogmáticas que acabaron por desequilibrar a la humanidad, favoreciendo a sus clases dominantes a costa del infortunio de las clases inferiores.
Lao-Tsé utiliza simbolismos y alegorías en donde compara aspectos de la naturaleza para mostrar paralelismos con el comportamiento humano, algo característico de la Filosofía Taoísta y de otras corrientes de pensamiento oriental.
A raíz de estas observaciones cosmológicas y naturales, Lao-Tsé desarrolla diferentes conceptos filosóficos que pretenden explicar los aspectos más trascendentes de la vida de la humanidad, abarcando así toda clase de campos de estudio, desde la cosmología y sus explicaciones acerca del origen del Universo, hasta los aspectos de la vida diaria de la sociedad humana, como la sociología, la política, la economía y la religión.
La base del pensamiento cosmológico y filosófico de Lao-Tsé es el Tao, un concepto abstracto generalmente poco entendible y hasta malinterpretado por los occidentales, y orientales que desconocen los conceptos del pensamiento taoísta. La malinterpretación superficial y religiosa hace creer que el Tao es un dios o algún otro tipo de "entidad espiritual o suprema", pero en realidad Lao-Tsé describe al Tao como el origen de todo, la fuente primordial de todo lo existente, tanto lo físico como lo abstracto, por lo que define al Tao como un concepto superprofundo de unidad primordial que escapa a la idea fijista y mítica de un dios, un ser, o cualquier otra personificación; contrariamente, Lao-Tsé describe al Tao como abstracto, amorfo, intangible, inaudible e inasible, por lo que las posteriores formas de la naturaleza han surgido del Tao, y así también lo que carece de forma, por lo que el Tao no se describe como una de estas dos cosas, sino como la primordialidad neutra de la cual todo lo demás surge, siendo así el origen cosmológico y esencia de todo lo existente; y el concepto básico de la filosofía taoísta, pero no una sustancia vaporosa o un ser sobrenatural.

Tanto los seres vivos, los objetos inanimados, la Tierra misma y el Cielo, todos han de ser formas que surgieron de cambios anteriores de la propia naturaleza, siendo así la Naturaleza la Madre de todas las cosas, y en su punto ancestralmente neutral la Naturaleza no había adoptado formas pero existía en sí misma, y por si misma fluyó y adoptó formas en las cuales manifestarse, y es a eso lo que Lao-Tsé llama Tao, explicando que Tao es sólo uno de los nombres posibles de darle, pero no el nombre original en sí, ya que son los hombres quienes requieren de nombrar las cosas para reconocerlas, pero la Naturaleza en sí misma carece de nombres ya que no los necesita.
A raíz del Tao, Lao-Tsé argumenta la dualidad consecuente de éste, y por ende la relatividad natural de la existencia. Lao-Tsé llama Ser y No-Ser a los dos aspectos ontológicos emergentes del Tao. Pero no un "antítesis" del Ser, ya que la metafísica taoísta no trata de antagónicos como los occidentales acostumbran a ver, sino que para Lao-Tsé la naturaleza es relativa y dialéctica, por lo que Ser y No-Ser son dos aspectos diferentes pero complementarios, ambos provenientes del Tao, y no dos posturas distintas que se confrontan entre sí. El Ser es el mundo fenoménico en el cual suceden las cosas, y el No-Ser el aspecto no-fenoménico de ese mundo fenoménico, por lo que no existiría uno sin otro, y ninguno implica la anulación de su contraparte; no es el No-Ser un reino vaporoso y espiritual, y no es el Ser una tangibilidad absoluta y permanentemente inmutable; ambos son parte del devenir cósmico del Tao, y esto es lo que Lao-Tsé explica en su filosofía.
Siendo el Tao la raíz de todo lo existente tanto en sus manifestaciones físicas como en sus aspectos abstractos, el Tao entonces es en sí mismo absoluto, pero paradójicamente implica que nada es absoluto porque todo en la naturaleza requiere de cambios que permitan la continuidad progresiva del propio fluir cósmico, razón por la cual el Tao no existe en sí mismo como un ente jerárquico, sino como esencia de todo lo demás que ha surgido de él, y tanto los aspectos metafísicamente duales como Ser y No Ser, y las dualidades cósmicas como Cielo y Tierra, han de ser precisamente manifestaciones de la relatividad y complementariedad de los cambios mutacionales que el Tao efectuó y que dieron origen a la existencia; de modo que si el Tao fuera absolutista, la naturaleza no habría mutado y no se habrían originado cambios dialécticos que dieran origen a la existencia. Éste es un principio altamente importante en la filosofía taoísta, ya que implica que el orden natural de las cosas es el fluir constante y que permite los cambios que generan la evolución en todos los aspectos de la naturaleza. Este concepto ha sido aplicado por Lao-Tsé en toda su filosofía.
En cuanto al Orden Natural del Tao, Lao-Tsé explica que este es el modo en que la naturaleza permite la continuidad de la existencia, por lo que el Tao no realiza cosas en favor de intereses personales, ya que carece de intereses propios, sólo es el fluir constante de la existencia, favoreciendo así a todos los seres y cosas en pos de su continuidad en vez de declinarse sólo por unos pocos, por lo que el Tao es imparcial y justo, es el equilibrio y la armonía que la filosofía oriental impulsa a seguir para mejorar la existencia.
Lao-Tsé enseña que todo es causa y efecto, por lo que cada aspecto que podemos percibir hoy es originario de otro aspecto oculto que le antecedió históricamente, explicando así cómo el Universo mismo y sus cosas existentes son resultado de hechos anteriores, y no de creaciones espontáneas. De esta idea nace el Principio de Acción y Reacción que los taoístas mencionan al explicar cómo es que todo lo existente deviene de algo anterior; todo tiene un por qué, mostrando como el Tao no hace las cosas arbitrariamente, sino que todo es causal, y no casual, y esto no se limita solo al origen cosmológico del Universo, sino a la vida diaria de todos los seres vivos. Lao-Tsé explica cómo este Principio de la Mutación Perpetua es lo que originó el universo y todo lo conocido.

Tras la división del Tao, Lao-Tsé hace hincapié en el hecho de que toda la naturaleza es relativa y se sucede de cambios constantes dialécticamente complementarios, llamándole así a los dos aspectos opuestos y complementarios Yin y Yang, presentes en todo el devenir cósmico de la naturaleza, tanto en los orígenes metafísicos como en los seres vivos y el mundo fenoménico, aplicándose así también para analizar todo lo existente, incluidos los aspectos sociales y humanos que Lao-Tsé estudia en su filosofía.
Lao-Tsé explica como Yin y Yang no son elementos confrontados, sino que sus características opuestas se complementan para conformar así la Totalidad del Tao, siendo que de esa forma las mutaciones naturales permiten que lo asociado como Yin se vuelva Yang, y viceversa, dando así el ritmo dialéctico que permite la fluidez natural de la Energía, la cual representa la vitalidad de lo existente, siendo de esa forma Yin y Yang la mecánica de funcionamiento dialéctico de la Energía, en otras palabras, la relatividad y el cambio natural que permite la fluidez de la Naturaleza, la cual obtiene armonía al hallar equilibrio entre sus dos aspectos opuestamente complementarios. Siendo así, todas las cosas funcionan en armonía con la naturaleza cuando cumplen la función natural que poseen dadas sus características, a las cuales Lao-Tsé se refiere como la Virtud que las cosas obtienen del Tao. De esa forma Lao-Tsé habla de la Virtud en el hombre como el funcionamiento armonioso en pos de su naturaleza y su desenvolvimiento social, en contraste con el comportamiento rutinario forjado por ordenanzas impuestas artificialmente que resultan contradecir la naturaleza universalista que el hombre debería seguir naturalmente para perpetuar su bienestar en el mundo.
Así, con este análisis cosmológico Lao-Tsé basa sus enseñanzas en el funcionamiento natural de las cosas, explicando que la naturaleza prosperó debido a sus constantes cambios evolutivos y a la no obstrucción de su desarrollo natural, mostrando esto como ejemplo para la vida del hombre, argumentando cómo las normas y tabúes impuestos no han de ser la propia naturaleza del hombre sino reglamentaciones artificiales impuestas por mandato jerárquico, siendo estas normativas restricciones que impiden al hombre desenvolverse con libertad y naturalidad para forjar un desarrollo próspero acorde a su naturaleza, por lo que la libertad que el hombre necesita sólo la alcanzará tras liberarse de las ataduras superficiales para así adoptar la forma de vida libre y sin restricciones, que le permitan desenvolverse armónicamente como la naturaleza enseña, y de esa forma alcanzar el hombre la prosperidad para su vida y el desarrollo del bien común.

En su libro, Lao Tse propone un camino de salvación muy distinto al de Confucio; por lo que su doctrina se acerca más al hinduismo. Dice que lo importante es alejarse de todo lo sensorial y caminar hacia lo puro, el Tao.
El Tao es el origen del cielo y de la tierra, de donde surgen tres cosas, y es el que regula el yin-yang; el modelo de comportamiento de todos los hombres y el principio de toda actividad justa en lo político y lo social. Para imitar al Tao se debe tener paciencia, ser sencillo y sin pretensiones. Hay que llegar a no hacer nada para poder hacerlo todo. De evitar las tensiones, para poder llegar a una quietud mística. Esta metafísica de la no-acción contribuyó a fomentar en el pueblo toda clase de supersticiones y magias, buscando ansiosamente el elixir de la vida
El taoísmo tiene tres virtudes fundamentales que son: paz, tranquilidad y silencio. Su modelo es la naturaleza. Es decir; que sugiere la espontaneidad, y deja que las cosas tomen su curso natural, que fluyan, sin forzar las acciones ni interferir en su desarrollo. Todo lo que sucede es parte del Tao y cada ser humano debe buscar el camino en su interior. El taoísmo anhela la armonía entre los hombres y entre estos y el Todo.
Para los taoístas el progreso científico y la cultura materia son dañinos; por ejemplo, para quien recoge agua con sus manos, un cuenco fabricado para esto es algo antinatural. Los taoístas creían que el hombre debía volver a su estado primitivo y consagrarse a las fuerzas de la naturaleza.
Los taoístas de la época Han —año 202 a.C. hasta el año 9 d.C.— también prescribían varias prácticas para reforzar la esencia de la vida, como ejercicios gimnásticos semejantes al yoga, elixires mágicos preparados por alquimistas y reglas alimenticias, como el evitar comer cereales.


Frases de Lao-Tsé:

El que domina a los otros es fuerte; el que se domina a sí mismo es poderoso

Con buenas palabras se puede negociar, pero para engrandecerse se requieren buenas obras

Saber que no se sabe, eso es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad

No vayas contra lo que es justo para conseguir el elogio de los demás

El que sabe no habla, el que habla no sabe

Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes

Si das pescado a un hombre hambriento, le nutres una jornada. Si le enseñas a pescar, le nutrirás toda la vida

El sabio no enseña con palabras, sino con actos

Un viaje de mil millas comienza con el primer paso

Observa todo lo blanco que hay en torno tuyo, pero recuerda todo lo negro que existe

El hombre corriente, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla

La manera de hacer es ser

Gobierna mejor quien gobierna menos

El que todo lo juzga fácil encontrará la vida difícil

El que está satisfecho con su parte es rico

Dios no recibe respuestas con palabras

Diferentes en la vida, los hombres son semejantes en la muerte

Si practicas la equidad, aunque mueras no perecerás


EL LIBRO DEL TAO (fragmentos)

IV El vacío de origen.

El Tao es un recipiente hueco, difícil de colmar.
Lo usas y nunca se llena.
Tan profundo e insondable es que parece anterior a todas las cosas.

Redondea los ángulos, desenreda las marañas, suaviza el resplandor, se adapta al polvo.
Tan hondo parece, y sin embargo siempre está presente.

No se sabe de quién es hijo.
Parece anterior a los dioses.


VI Realizar la imagen.

El valle y el espíritu del valle nunca mueren. [Valle espíritu del valle = yin yang]
Ambos forman la madre secreta.
La puerta de la madre secreta es la raíz del cielo y de la tierra.

Sutil, ininterrumpidamente, permanece, perdura.
Se usa pero nunca se consume.


VIII La Naturaleza espontánea.

Ls suprema bondad procede como el agua. El agua llega a todas las cosas y las favorece, porque no busca el poder.
El agua permanece en los lugares que otros desdeñan.
Esto hace que se parezca al Tao.

Viviendo halla la alegría de vivir.
Sintiendo encuentra el sentimiento.
Siendo amigo de todos encuentra la armonía.
Ama la veracidad en sus palabras.
Ama el orden y la justicia en el gobierno.
Actúa con justa medida y es oportuno en la acción.

Así, al no haber lucha, no se impone, no existe el daño.


IX El uso de la nada.

Abandonemos las cosas a sí mismas, no las llevemos hasta su último extremo.
Una hoja permanentemente afilada pierde su filo.
¿Quién puede vigilar una habitación llena de oro y piedras preciosas?
Riquezas, honores y orgullo conducen a la destrucción cuando el poderoso se vuelve altanero.
Acabada la obra y enaltecido el nombre, es bueno retirarse.

Ese es el Tao del cielo.


XI La utilidad de la nada.

Treinta rayos convergen hacia el centro de una rueda, pero es el vacío del centro el que hace útil a la rueda.
Con arcilla se moldea un recipiente, pero es precisamente el espacio que no contiene arcilla el que utilizamos como recipiente.
Abrimos puertas y ventanas en una casa, pero es por sus espacios vacíos que podemos utilizarla
Así, de la existencia provienen las cosas y de la no existencia su utilidad.


XIV Alabanza del misterio.

Aquello que miramos y no podemos ver es lo simple.
Lo que escuchamos sin poder oír, lo tenue.
Lo que tocamos sin asir, lo mínimo.
Lo simple, lo tenue y lo mínimo no pueden indagarse.
Juntos se conjugan en lo uno.

Revelado, no deslumbra.
Oculto, no pierde su luz.
Infinito, no puede ser definido.
Se esfuma en la no existencia.
Es la forma de lo que no tiene forma, es la imagen de la no existrencia.
Es lo esquivo y misterioso.

Lo puedes mirar de frente, pero no verás su rostro.
Lo puedes seguir, pero no lograrás ver su espalda.

Quien se apega con fuerza al Tao primordial, gobierna la existencia de cada día y puede adquirir la sabiduría primordial.
Esta es la iniciación al Tao.


XVI Volver a la raíz.

Sea tu meta el máximo de vacío.
Conserva la firmeza de la paz.

Nacen las cosas y entran en la existencia, pero desde allí la vemos regresar a su reposo.
Mira todas las flores que florecen: cada una vuelve a su raíz.
Volver a la raíz es encontrar el descanso.
Este descanso significa regresión al destino.
Regresar al destino significa durar constantemente.
Conocer lo constante es estar iluminado.
Pero no conocer lo constante es caer en la ceguera y el desastre.

Quien conoce lo constante, lo abarca todo.
El que todo lo abarca es justo con todos.
Lo universal es el ritmo del cielo.
Y lo que está en ritmo con el cielo, lo está con el Tao.
Y lo que está en ritmo con el Tao perdura eternamente.
Aunque su cuerpo muera, nunca perecerá.


XIX Retorno a la espontaneidad.

Renuncia al conocimiento y no sufrirás.
Renuncia a la sabiduría y deja de lado la erudición, y el pueblo será largamente beneficiado.
Renuncia a la benevolencia y rechaza la rectitud, y los hombres retornarán al deber filial y al amor paterno.
Renuncia al engaño y arroja la ganancia, y no habrá más bandidos ni ladrones.

Sin embargo, estas normas son externas e insuficientes.
Mejor es que el hombre actúe libremente.
Muéstrate sencillo y guarda tu naturaleza primordial.
Haz que tu “yo” sea más pequeño y limita tus deseos.


XXVII El empleo de la habilidad.

Un buen caminante no deja huellas.
Un buen orador nunca duda ni se equivoca.
Un buen calculador no necesita instrumentos de cálculo.
Un buen guardián no necesita rejas ni cerrojos, y, sin embargo, es imposible abrir lo que él cerró.

El que sabe atar no usa cuerdas ni nudos, y, sin embargo, nadie puede desatar lo que él ha unido.
Aunque el hombre obrase mal, ¿ porqué rechazarlo ?
Por éso el sabio elige ayudar a los hombres y no rechaza a ninguno.
Prefiere salvar las cosas, no rechazar ninguna.
A ésto llamamos doble entendimiento.

Luego el hombre bueno es maestro del hombre no bueno, y el hombre no bueno es su buen material.
Porque el buen maestro no tiene interés, y no tiene apego a su material, permanece oscuro a pesar de ser resplandeciente.

Este es el secreto esencial del Tao.


XXIX El no hacer.

Si un hombre quiere darle forma al mundo, modelarlo a su capricho, difícilmente lo conseguirá.
El mundo es un jarro sagrado que no se puede manipular ni retocar.
Quien trata de hacerlo, lo deforma.
Quien lo aferra, lo pierde.

Por éso el sabio no intenta modelarlo, luego no lo deforma.
No lo aferra, luego no lo pierde.

Hay quienes marchan adelante, hay quienes marchan atrás.
Hay quienes permanecen callados, hay quienes hablan.
Algunos son fuertes, otros débiles.
Algunos medran, otros perecen.
Luego el sabio rechaza el exceso, la extravagancia y la propia complacencia.


XXXIII Discriminación.

Quien conoce los hombres es hábil.
Quien se conoce a sí mismo es sabio.
Quien vence a los otros, es fuerte.
Quien se vence a sí mismo, es poderoso.

Quien se conforma con lo que tiene, es rico.
Quien mantiene su propósito, es firme.
Quien permanece donde encontró su hogar, perdura largamente.
Quien muere mas no perece, tendrá longevidad.

Recordando a Waldo Emerson


Ralph Waldo Emerson fue un escritor, filósofo y poeta estadounidense nacido el 25 de mayo de 1803 en Boston.
El padre de Ralph Waldo Emerson era un pastor o clérigo unitarista que murió cuando su hijo tenía ocho años dejando a su familia en una absoluta pobreza, de la que salieron aceptando la caridad y admitiendo huéspedes. Su madre se las arregló sin embargo para que todos sus hijos pudieran ser admitidos en la Universidad de Harvard con becas, y allí fue a parar Ralph Waldo cuando contaba catorce años. En la universidad empezó su famoso Diario, que será la base de donde extraerá sus obras posteriores, desde sus sermones hasta sus conferencias y ensayos. Tras obtener su título con un expediente académico mucho más discreto que los de sus hermanos, ayudó a uno de ellos en una escuela de señoritas que había establecido en la casa de su madre. Cuando su hermano William partió a Gotinga para hacer estudios de teología, Emerson asumió la dirección de la escuela, lo que aseguró su manutención largos años y le dejó tiempo suficiente para estudiar teología y convertirse asimismo en pastor unitario en 1829, antes de dimitir en 1832 tras un conflicto con los dirigentes de esta iglesia, pues había dejado de creer en que la comunión fuese un sacramento y no quería seguir administrándola. A su vez Emerson dejó de creer posible el fundamentar la religión en pruebas empíricas. Y, entre otra cosas, poco después perdió a su amada mujer, Elena Louisa Tucker, que falleció en febrero de 1831.
Emerson hizo un largo viaje por Europa entre 1832 y 1833, donde conocerá a los poetas lakistas del primer Romanticismo inglés, William Wordsworth y Coleridge; también a los filósofos John Stuart Mill y Thomas Carlyle; con este último y con Max Müller mantendrá una activa correspondencia. Sobre estos viajes imprimirá su libro de viajes English Traits ("Rasgos ingleses", 1856). A su vuelta abogó públicamente en favor del abolicionismo.
En 1835, Emerson compró una casa en Concord (Massachusetts), y se volvió rápidamente una de las personalidades de la ciudad. Allí entabló gran amistad con el filósofo anarquista Henry David Thoreau, a quien propuso en el otoño de 1837 que escribiese un diario, lo que Thoreau acometió con entusiasmo durante lo que le restaba de vida.
Publicó de forma anónima su primer libro, Nature, en septiembre de 1836; en él exponía los fundamentos de su filosofía; el 31 de agosto de 1837 pronunció un discurso en la sociedad Phi Beta Kappa, "El estudiante americano", en el que proclamaba la independencia literaria de los Estados Unidos y recomendaba vivamente a los americanos crear su propio estilo de escritura, liberado del europeo. Luego recogió algunos de estos trabajos, discursos y conferencias en su primer libro de Ensayos (1841). Insólitamente para tratarse de un producto filosófico de origen norteamericano, pronto se tradujeron al francés y al alemán.
Emerson perdió a su hijo Waldo por la escarlatina en 1842. Su dolor le inspiró dos obras mayores: el poema Threnody y el ensayo Experience. En 1855 escribió una entusiasta carta de alabanza a Walt Whitman por su libro Leaves of grass, Hojas de Hierba. Y agregar que la filosofía de Emerson inspiró poderosamente a Whitman.
Influido por la filosofía racionalista y romántica alemana que conoció a través de Carlyle y por el Hinduismo que le hizo estudiar su amigo Max Müller, Emerson proponía el Trascendentalismo, una vía intuitiva basada en la capacidad de la conciencia individual, sin necesidad de milagros, jerarquías religiosas ni mediaciones. Después participó con otros intelectuales en la fundación de la revista The Dial, cuyo primer número salió en 1840 para ayudar a la propagación del Trascendentalismo. Posteriormente en 1846 publicó Poemas y El sentido de la vida en 1869, el cual fue el primero de sus libros en obtener un éxito inmediato.
La filosofía de Emerson es típicamente liberal: potencia los valores del individuo y del yo, es afirmativa, vitalista y optimista. De ahí las alabanzas que mereció por parte de pensadores como Friedrich Nietzsche y otros. Es considerado uno de los primeros ensayistas norteamericanos.
Emerson muere el 27 abril de 1882 en Concord.


Frases de Waldo Emerson

Si sientes que todo perdió su sentido, siempre habrá un ¨te quiero¨, siempre habrá un amigo. Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta

El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene.

Todo hombre es sincero a solas; en cuanto aparece una segunda persona empieza la hipocresía.

El destino del genio es ser un incomprendido, pero no todo incomprendido es un genio.

Aunque viajemos por todo el mundo para encontrar la belleza, debemos llevarla con nosotros para poder encontrarla.

La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.

Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quiera poner a dormir.

Todo hombre que conozco es superior a mí en algún sentido. En ese sentido, aprendo de él.

Abandonar puede tener justificación; abandonarse, no la tiene jamás.

El hombre grande es aquel que en medio de las muchedumbres mantiene, con perfecta dulzura, la independencia de la soledad

No ha aprendido las lecciones de la vida quien diariamente no ha vencido algún temor.

Llamamos destino a todo cuanto limita nuestro poder.

La pobreza consiste en sentirse pobre.

Grabad esto en vuestro corazón: cada día es el mejor del año.

El hombre es un pedazo del universo hecho vida

¿Cuál es la tarea más difícil del mundo? Pensar.

Lo que más necesitamos es una persona que nos obligue a hacer lo que sabemos.

Odio las citas, dime lo que sabes.

Medite al atardecer, mirando las estrellas y acariciando a su perro, es un remedio infalible.

Nadie debe viajar hasta que no haya aprendido el idioma del país que visita. De lo contrario se convierte voluntariamente en un bebé, tan indefenso y ridículo.

Nunca haga aquello por lo que no quiere que se le conozca.

La sociedad es en todos los sitios una conspiración contra la personalidad de cada uno de sus miembros.

Woody Allen presentó su nueva película en el Festival de Cannes.



You Will Meet a Tall Dark Stranger, su largometraje número 41, no lo encuentra en su mejor forma como cineasta, pero Woody se lució ante la prensa como un stand up comedian.

Por Luciano Monteagudo

“Mi perspectiva de la vida siempre ha sido la misma: tengo una visión muy agria, muy negativa. Desde mi adolescencia pienso que la vida es una experiencia oscura, dolorosa, dañina. Y que la única manera de ser feliz es mentirse, engañarse a uno mismo. No soy el primero en decirlo: ya lo dijeron Nietzsche, Freud, Eugene O’Neill. Lo dijeron antes y mucho mejor. Si uno mira la vida de frente, con honestidad, es algo intolerable.” Quien habla de esa manera, más en serio que en broma, a pesar de las risas del auditorio, es Woody Allen, que ayer llegó al Festival de Cannes a presentar, fuera de competencia, su nueva ¿comedia?: You Will Meet a Tall Dark Stranger, su largometraje número 41.

Siempre se supo de esta concepción de la vida de Allen, con la que él ha venido divirtiendo al mundo desde los tiempos de Dos extraños amantes, hace ya más de treinta años. Pero se diría que Woody está últimamente –desde Match Point y El sueño de Cassandra– más pesimista que nunca. Sus personajes se han vuelto más cínicos, más egoístas, más dañinos, capaces de matar por mera ambición incluso. Y sus películas, hay que reconocerlo, no se han vuelto necesariamente mejores.

Es el caso ahora de este vodevil triste y desesperanzado que vino a lanzar en la vidriera de Cannes y que no lo encuentra precisamente en su mejor forma.

Como tantas otras veces en su obra, en You Will Meet a Tall Dark Stranger también hay una multiplicidad de personajes, parejas y matrimonios de distintas edades, que deben lidiar con sus frustraciones, sus amores contrariados, sus deseos insatisfechos y sus pequeñas mezquindades, que en este caso no llegan a ser particularmente graves. Ni tampoco causan demasiada gracia. Las escasas risas y el tibio, apenas respetuoso aplauso que recibió ayer la película en su primer pase de prensa en la sala de Grand Théâtre Lumière no hicieron sino reflejar la falta de pulso y el decaimiento general de la película.

De hecho, fue mucho más rica y entretenida la conferencia de prensa, en la que Woody –pese a un resfrío que lo dejó al borde de la disfonía– se comportó un poco como aquel stand up comedian que fue en sus comienzos, un personaje que nunca llegó a abandonar del todo. Rodeado por parte del elenco de su nueva película –Naomi Watts, Gemma Jones y Josh Brolin– disparó algunos de esos oneliners, esas frases cortas y punzantes que son parte del oficio y que él improvisa con la naturalidad de quien lleva ya muchos años arriba del escenario.

“Mi relación con la muerte sigue siendo la misma: me opongo terminantemente”, lanzó cuando un periodista le preguntó por uno de los temas de la película. Salió también entonces el tema de la vejez y hubo quien recordó que el día anterior había estado por aquí, presentando su nueva película, el gran maestro portugués Manoel de Oliveira, de 101 años. “¿Llegar a los cien años? Si yo pudiera llegar a la edad a la que llegó Oliveira de la manera en que él lo hizo, me encantaría, por supuesto. Pero lo que no quisiera es llegar en silla de ruedas, ni babeando por ahí.”

Y siguió con el tema: “Volverse viejo no es ningún negocio. No hay ninguna ventaja en eso. Ahora tengo 74 años y les puedo asegurar que uno no se vuelve ni más inteligente, ni más sabio, ni más dulce, ni más amable. Nada bueno sucede. Te duele más la espalda, tenés más indigestiones, empezás a perder la vista, hay que usar audífonos... Insisto: volverse viejo es un mal negocio. Yo les aconsejaría que lo evitaran si pudieran”.

Según Allen, además, en el cine ser viejo no tiene ninguna cualidad heroica ni romántica: “En las películas, los personajes mayores de edad son abuelitos, viejos gruñones o el portero de la entrada de artistas de un teatro. Mejor es ser el muchacho de la película y quedarse con la chica”.

¿Es por eso que ya casi no trabaja como actor? quiso saber alguien. “Sí, claro. Durante años interpreté a los protagonistas románticos, pero después ya no lo pude hacer, porque me volví demasiado viejo. Y no tiene ninguna gracia actuar si uno no se queda con la chica. Pueden imaginarse lo frustrante que es cuando hago estas películas con Scarlett Johansson o Naomi Watts y son otros quienes se quedan con ellas. Yo sólo soy el director, ese viejo que está sentado ahí atrás. Y eso no me gusta. Yo quiero ser el que está sentado delante de ellas en el restaurante, mirándolas a los ojos y diciéndoles piropos y mentiras. Si ya no puedo hacer eso, bueno, ya no le encuentro la gracia a eso de aparecer delante de la cámara.”

(Extraído del diario Página 12)

El payaso Chacovachi


A principios de los ’80, cuando se fueron los militares, descubrió que las plazas podían ser inmensos escenarios gratuitos y se convirtió en un precursor del arte callejero argentino. En los ’90 ya era una figura emblemática con sede semanal en plaza Francia. Después, salió a recorrer el mundo con su unipersonal, que lo hizo un especialista de los humores iberoamericanos: hizo reír en España con el franquismo, en Colombia rodeado de ametralladoras, en las favelas brasileñas y en la peatonal de Villa Gesell. Organizó las míticas Convenciones de Malabares, Circo y Espectáculos Callejeros. El modo en que destrozó el arquetipo del payaso ingenuo sólo agigantó su figura. Y ahora, después de muchos años, Chacovachi regresa a la Argentina para presentar un espectáculo en el que pone a prueba su propia teoría: la máxima consagración es hacer reír a los vecinos de la cuadra después de haber hecho reír a medio mundo.


Por Mercedes Halfon

Chacovachi es malo con los niños, es el anti Piñón Fijo, el anti payaso de voz finita. Es una molotov idiosincrática de calle, humor y circo. Hace años que no actúa en Buenos Aires, la ciudad que lo creó como personaje, atareado con sus viajes entre Europa y la costa argentina donde hace su espectáculo, Circo Vachi, rodeado de artistas de circo profesionales, y envuelto en una carpa tradicional. Pero Chacovachi es otra cosa: es y será el payaso de Plaza Francia. Durante dieciséis años hizo allí sus extrañas, brillantes y caóticas funciones donde se alternaban algunas pruebas acrobáticas, globología, y feroces intercambios con el público que concluían con ovación y pasada de gorra. Chacovachi es el primer payaso punk argentino, el que suelta la lengua y hiere tiernamente con sus chistes, como un Crosty después de pasar una pésima noche.
Su avatar comenzó apenas finalizada la dictadura y siguió durante los ochenta prácticamente solo, hasta que en los ’90 los malabares, los payasos y el circo hicieron boom en todos lados. No fue sólo acá. El Cirque du Soleil comenzó a ser internacionalmente conocido, los circos dejaron de trabajar con animales y el teatro se unió a las estéticas circenses para crear esa mezcla llamada Nuevo Circo, que en distintas proporciones, y con particularidades nacionales, se instalaría en todo el mundo. Escuelas de circo en Canadá, Francia, España y también en Argentina. Los hermanos Videla, dos cirqueros viejos con mil trucos escondidos en sus músculos de superhéroes, se convirtieron en los padres de una nueva generación, transmitiendo sus saberes a jóvenes dispuestos a entregar sus vidas a esa imagen que parecía la de un renovado sueño hippie: artístico, internacional, libertario, contracultural.
Pero cuando todo eso sucedió, Chacovachi ya era el rey del mambo. Toda su vida había trabajado solo y en la calle, con su personalidad a prueba de balas dentro y fuera de los shows. En Argentina, en Colombia, en Cuba, en muchos países de Europa, en Marruecos, dando vueltas con sus petates de colores y sus humoradas que hacen reír pero también provocan, incomodan, generan la empatía extraña de los buscavidas, los que saben inventar latiguillos, frases poderosas: reflexiones de un inconsciente demasiado popular, demasiado hermoso, como para quedar condenado a sólo existir “en vivo”.

¿Cómo y cuándo decidiste ser payaso?

–Nunca pensé que iba a trabajar de artista, entre comillas, porque siempre creí que los artistas se morían de hambre. Yo vengo de una familia italiana, todo el mundo laburaba, estaba bueno tener un hobby pero había que encontrar algo para subsistir. Estudié en la escuela argentina de mimo Omar Viola, y toda esa gente era bárbara pero no ganaba un mango, los tenías que ver a las 3 de la mañana en el Parakultural, para veinte personas. De casualidad, estudiando en esta escuela, me tocó actuar en una plaza. Todavía estaban los militares y pidieron a la escuela si algún artista quería hacer algo. La cuestión es que fui y se me abrió un mundo. Me cambió toda la base, la plaza me dio todo lo que no me daba lo que venía haciendo.

¿Qué?

–La libertad que buscaba, una libertad física, psíquica y económica. Digo física, porque me di cuenta en seguida de que el país y el mundo estaban llenos de plazas, podía trabajar donde quisiera. Yo trabajé en 20 países, trabajé en Marruecos al lado de un encantador de serpientes, por 3 dólares la pasada de gorra, pero con 3 dólares vivía. Con 1 dólar pagabas el hotel. Después la libertad psíquica, porque vos no tenés que ser el mejor, no tenés que cambiar todo el tiempo. Villafañe decía eso: no tenés que cambiar de número, tenés que cambiar de público.
Representabas la libertad, siendo un payaso callejero, porque veníamos de donde veníamos. Hay algo que supuestamente a los payasos nos molesta, que es esto de que hacemos un arte menor. Para mí es al revés, me gusta que sea un arte menor, porque no me obliga a tener que ser un híper artista, con poder generar esto que genera un payaso que es divertir, asombrar, ya está. Si tenés suerte también inspirar, provocar, pero eso ya en una segunda etapa. Y después la libertad económica: no dependés de nadie.

¿Qué hacías en tus primeros espectáculos?

–Me acuerdo de que la primera vez que iba a actuar en la calle me hice una listita de las cosas que sabía hacer. Una rutina de mimo, la gallina, tres pelotitas que me había enseñado mi abuelo, y con eso intuitivamente encontré cómo entretener, que es la base de los payasos. No hablaba, porque venía de la escuela de mimo. Y cuando empecé a hablar lo hacía en falsete; mi estereotipo de payaso era ése, un tipo con una voz finita. Pero no podía ser tonto, si eras tonto en la calle, por más que fuera una época en la que la gente valoraba, también era una época que la gente no entendía que vos podías trabajar en una plaza pública. Al principio fue toda una experiencia hermosa con mucha inconciencia. La cosa para mí funcionaba; el éxito depende de las pretensiones, y las mías eran ir a la plaza y poder sobrevivir. Y después pasar la gorra, cuando me di cuenta de que podía hacerlo fue una revolución. Porque era la única forma de poder ganar dinero, entre comillas, sin laburar, que sigue siendo lo que hago ahora.

En Plaza Francia era el público que iba al Centro Cultural Recoleta, era un público al que daba gusto criticar, desde mi lado. En la esquina de mi casa la crítica casi no existía, la gente era como yo... En cambio en Recoleta se generó este payaso de ciudad grande que soy yo. No soy un payaso de calle Florida, sino de plaza de sábados y domingos, donde hay gente desprevenida y gente que va a ver espectáculos, hay una mezcla de las dos cosas. Llegar a plaza Francia me cambió lo que era, empecé con la crítica, ser un poquito más políticamente incorrecto, trabajar más con la inteligencia.

¿Tu familia estaba de acuerdo con que decidieras trabajar en la calle?

–Sucede que yo fui soldado durante la guerra de las Malvinas, no estuve en el frente peleando, pero fui soldado y estuve acuartelado hasta que terminó la guerra, y no fuimos porque el avión era chico, en fin, vivimos un trauma con todo eso. Por eso, cuando terminó la guerra tenía una especie de libertad en mi familia porque ellos me dijeron que me iban a bancar ese año. No tenía que salir a laburar inmediatamente, pero yo empiezo a hacer esto y enseguida empiezo a ganar dinero en la plaza. En mi familia –mi vieja es maestra, mi viejo empleado público–, una cantidad de dinero que aparecía de esa manera era muy valorado. Nadie me podía decir nada. Mi madre aceptó enseguida; con mi padre, italiano, fue más difícil. Me acuerdo la primera obra que hice, los invité a verla y era una con Elizondo (el director de la Escuela Argentina de Mimo), estábamos todos en pelotas durante veinticinco minutos. Mi viejo me decía “Escúchame, traigo a tu mamá y están todos en pelotas” (risas). Era una inconciencia muy grande llevar a mis viejos ahí.

Debe haber algo de desprotección en estar trabajando en la calle, a veces en lugares desconocidos...

–Sí, es grande la desprotección, pero los artistas callejeros nos manejamos dentro de eso. Vos tenés que convocar, hacer que venga la gente, y si la gente no viene y sigue de largo, es una tragedia. Que me ha pasado, como a todo artista callejero, sobre todo si no estás en un lugar seguro. En la plaza donde trabajás todos los domingos, ya sabés. Yo todavía trabajo en lugares desconocidos y espero hacerlo toda la vida. Casi no lo necesito ahora, lo hago para seguir manteniendo esto que me da la calle, esta impronta.

Vos empezaste a viajar y fuiste a Colombia, Cuba, España. ¿Cómo era el público y cómo reaccionaban con vos?

–Cuando fui a Colombia hice 18 universidades por todo el país: Medellín, Cali, Bucaramanga, con una productora. El presidente de Nescafé de Colombia pasó por plaza Francia y me vio. El hacía Nescafé Concert, llevaba jazz y rock a las universidades, pero me vio y se le ocurrió llevarme. Pensó que podía funcionar y fue así. A mí me largaban, es decir, a un argentino y yo soy híper argentino, irreverente, me largaban en una universidad, a las 10 de la mañana, para 2000 colombianos, la cosa funcionaba, la mitad me amaba, la otra me odiaba, pero nunca más se iban a olvidar de mí. Fue muy cerquita del cinco a cero que nos hicieron acá y todo el tiempo hablaban de eso. Trabajé también en alguna plaza, pero rodeado de uniformados con metralletas, ¡que me custodiaban a mí! Era muy extraño. Pero fue una experiencia increíble, los artistas crecemos cuando trabajamos para otro tipo de público, cuando salimos de nuestro lugar seguro.

¿Y en Brasil?

–Cuando salgo a Sudamérica soy un poquito menos picante, me manejo por otro lado. Porque el argentino puede soportar cierta ironía, pero en Brasil, o también en Colombia, donde tienen un humor más ingenuo, algunas cosas pueden molestar. Y la verdad es que no quiero molestar a nadie, no me privo de decir nada pero si no es necesario, si estoy en medio de la selva, o laburando en una favela brasileña, no los quiero molestar, prefiero divertirlos, entretenerlos, que se queden pensando, pero hay cosas duras que no se las quiero decir porque ellos las viven todos los días, para qué se las voy a recordar.

En España sí lo hacés.

–Y ahí mis chistes son políticos, sobre esta relación que tenemos del Tercer Mundo y el Primero, chistes muy sencillos como, si no me dan mucha bola, yo les digo: “Pero qué pasa, yo les hablo, les hablo, ustedes me sonríen pero no me hacen ni caso, ¿qué soy? ¿El rey Juan Carlos?”. O les puedo decir: “Saquen la alegría, saquen el desparpajo, saquen al indio sudamericano que tienen adentro”, dejo que bajen y digo: “al indio sudamericano que se comieron hace 500 años y devuélvanmelo”. Quedan todos tragando saliva. Mi espectáculo en España es así: lo primero que digo cuando todo el mundo aplaude al comienzo del show es “Españoles, españoles, Franco ha muertoooo”, que es lo que salió en la radio, y todo el mundo grita “aaahhh” pero la mitad se queda tragando saliva. Eso es emocionante para mí. Una vez en Santiago de Compostela, frente a la Catedral donde Franco iba a comulgar, una señora me dijo llorando: “Yo pensé que me iba a morir sin escuchar esa frase”. Después vino otra y me dijo “Tú no sabes lo que has dicho, tío. Decir esto en esta plaza”.

No son chistes muy de payaso que digamos...

–Lo que hago yo es generar emociones en la gente, que son un poco distintas al sentimiento típico que esperamos del payaso que es que te haga reír desde el lugar más ingenuo, más liviano; yo soy un payaso un poco más maldito. Todos tenemos un muerto en el placard. Cuando vos te reís de algo duro es porque lo entendés, todos los chistes que hago tienen una tragedia atrás. Un chiste típico mío es cuando le digo a un nene “Mi amor, ¿vos sos feliz?”. Y él me dice, sí, entonces yo le digo: “Bueno, ya se te va a pasar”. Y lo acaricio. Hay una tragedia muy grande, pero cuando vos te reís de las tragedias te estás preparando para soportarlas, y no quiere decir que le faltes el respeto. El ser humano usa la risa para sobreponerse a las tragedias. Es lo único que podemos hacer. Cuando vos podés hacer chistes podés empezar a superar, todavía en la Argentina no hay chistes sobre desaparecidos, no podemos hacer chistes sobre aviones, gente volando, gente encapuchada, no podemos porque no nos hemos sobrepuesto. Con el sida empieza a haber chistes porque el sida es cada vez menos peligroso, no es tan fatal y a partir de que existen esos chistes se descomprime algo.

¿Y un payaso es uno de los primeros en tener permiso para hacerlos?

–A los payasos se nos permite decir cosas que los comunes mortales no pueden decir. De la misma manera que les podemos decir cosas a los chicos, sin ser malvados, cosas que sus padres se las quisieran decir pero no lo hacen porque viene Piaget y los mata. Tenemos esas libertades y las tenemos que usar; la gente espera eso, que seamos distintos a ellos.

Hay payasos muy artificiales con sus maquillajes, sus gestos...

–No creo en los payasos que manejan mucha fantasía, creo más en el payaso que se le ve la piel. Hay un dicho que dice que la fantasía te consuela de lo que no podés ser y el humor te consuela de lo que sos. Creo en eso. Para mí el payaso es el más humano de los artistas. El artista es la profesión más humana que existe, en el sentido de que el arte no tiene una utilidad, no es ser carpintero, y a la vez es algo que caracteriza al ser humano, hacer arte. Yo digo que el payaso es el más humano de los artistas, porque trabaja con perder...

Con fallar...

–Con todo lo que el artista esconde, con todos sus lugares débiles. Y después el payaso callejero es el más humano de los payasos, porque trabaja en la calle, donde está la humanidad, de alguna manera. Creo que no hay que perder ese norte. El mundo va cambiando y va cambiando eso de lo que nos reímos: Los Simpson, Padre de familia, South Park, mi Dios, impensable que antes alguien se hubiera reído de las cosas que ellos se ríen. Para poder hacer humor tenés que meterte en ese tipo de lugares, complicados. El humor blanco ya casi no hace reír más. Por eso, creo que el desafío de los payasos, de los payasos callejeros digo, es no perder la humanidad. Ser cada vez más humanos, como dinosaurios.



Pero Chacovachi vuelve a Buenos Aires a hacer su espectáculo ¡Cuidado! Un payaso malo puede arruinar tu vida. Y dice: “Un artista callejero primero tiene que trabajar en la esquina de su casa, su desafío mayor es hacer reír a su gente, que son los más críticos, porque te conocen. Después tenés que irte a probar al centro de la ciudad, con otros artistas, gente que no es igual a vos, después tenés que ir a lugares que ni te imaginabas que existían y al final tenés que volver a la esquina de tu casa y ver qué pasa”.

¿Nunca te cansó vivir de manera itinerante?

–La gente se pregunta si trabajás en la calle donde vivís, y la verdad es que si te manejás en un circuito profesional podés vivir toda la vida así. Mientras tengas la energía: en la calle a veces hace frío, a veces calor, a veces las circunstancias, los locos, los ladrones, la policía, todo está en la calle. Pero la calle te hace parte de ese folclore y te acepta.

¿Y en qué te cambió tener un hijo?

–Ringo va a cumplir 4 años. Mi último sacudón fuerte había sido la muerte de mi vieja en el 2002. Y mi payaso se hizo oscurísimo, en los primeros seis meses, un año, yo estaba sin pareja, mi payaso era ése, esperanzado pero oscuro. El nacimiento de mi hijo cambió mi payaso de nuevo. Me pasa que descubrí a los nenes ahora. Laburé toda mi vida con chicos y me di cuenta de lo que es un chico desde el nacimiento de mi hijo. Hay chistes que no hago más. Porque ahora entiendo, los hacía desde la ignorancia, ahora no puedo, me duele demasiado.

La calle de Buenos Aires pareciera haber perdido la vitalidad de los ’90, cuando había grupos de mucha calidad en las plazas.

–A mí me encantaría que empezara a haber festivales de teatro de calle en Argentina, que nos den ese lugar, sueño con eso, con un Aurillac (el festival francés), con un Tarrega, creo que podría ser una forma importante de educación. Como cuando fui a Tarrega por primera vez, que es este festival que se hace en España y que recibe a 20.000 personas que van a ver teatro, que hay un camping casi gratis, que todo sucede en la calle, que la gran mayoría es a la gorra, yo he visto punkis, pasados, con agujas por todos lados, llorando con un número de títeres.

Esas son las particularidades de los espectáculos en la calle. Los puede ver cualquiera, no hay que entrar a ningún lugar, ni pagar entrada.

–En la calle una persona va caminando, y tiene que apostar a ver ese espectáculo, y se siente en peligro, en peligro de juego de niños, pero acepta con todos los demás, y comparte esas circunstancias híper particulares. Y si hay 400 personas echando una carcajada por algo que los hace muy felices, eso es compartir, que todos pensemos igual en algo, si no no reiríamos; lo que hace la risa es unir a la gente. Y eso es ancestral. Los indios, en redondo, el fuego en el medio, el médico brujo hablando, los otros festejando, en la calle pasa exactamente lo mismo. Y como somos todos muy viajeros cumplimos lo que hacían los circos antes, que era transmitir cultura. Antes llegaba un circo a tu pueblo, no había TV, y veías a unos húngaros, unos brasileños, unos japoneses, era una cosa cultural, eran distintos a vos. Los artistas callejeros somos bichos raros en todos lados. Yo una vez hice un cálculo de lo que sucede. Yo en una época tenía un contador y cuando comenzaba la función se lo daba a una persona del público y le decía: cada vez que te reís, marcame el contador. Yo después le pedía 1 centavo por risa, era una historia que tenía ahí, pero la cuestión es: la gente se reía 100 veces, 100 carcajadas por 400 personas son 40.000 risas. Que rebotan en redondo de 15 metros de diámetro. Eso es muy fuerte, tanto que hablan del reiki y eso, estar en un círculo con tantas risas que rebotan, eso le hace bien a cualquiera. Un artista callejero que hace reír a la gente y la descomprime, es un chamán.

Fragmento extraído del suplemento Radar del Página 12.

El Trascendentalismo


El trascendentalismo fue un movimiento filosófico, religioso y literario estadounidense que floreció aproximadamente entre 1836 y 1860. Comenzó como un movimiento de reforma dentro de la Iglesia Unitaria que procuraba extender la aplicación del pensamiento de William Ellery Channing sobre el Dios interior y la significación del pensamiento intuitivo. Se basó en "un monismo que sostenía la unidad del mundo y de Dios, y en la inmanencia del mundo". Para los trascendentalistas el alma de cada individuo es idéntica al alma del mundo y contiene lo que el mundo contiene.[1] Los trascendentalistas trabajaron con la sensación de que el advenimiento de una nueva era estaba al alcance de la mano. Fueron críticos de su sociedad contemporánea por su conformidad irreflexiva, y urgieron a que cada individuo buscara, en palabras de Ralph Waldo Emerson, "una relación original con el universo".[2]
Un grupo de jóvenes estudiantes salidos de la Facultad de Teología de Harvard previeron el peligro que se cernía en torno de su Iglesia. El 15 de julio de 1838, Ralph Waldo Emerson, pronunció un discurso, conocido como The Divinity School Address, que resultaría decisivo para la historia del unitarismo. Influido por la filosofía racionalista y romántica alemana y el hinduismo, Emerson proponía el trascendentalismo: una vía intuitiva basada en la capacidad de la conciencia individual, sin necesidad de milagros, jerarquías religiosas ni mediaciones.
Se asociacian también al trascendentalismo a los amigos de Emerson y miembros del Trascendental Club, Walt Whitman y Henry David Thoreau.


El trascendentalismo americano que propone Ralph Waldo Emerson parte del fundamento trascendental planteado por el filósofo alemán Immanuel Kant. Este fundamento nos dice que los objetos no son reales y cognoscibles en sí mismos, sino que por el contrario, existen y son cognoscibles cuando están sometidos a condiciones a priori del sujeto.
Partiendo de este fundamento Fichte definió como idealismo trascendental su metafísica del Yo y del No-Yo. Schelling elaboró el sistema de idealismo trascendental y Schopenhauer denominó trascendental a la reflexión dirigida no a las cosas sino a la conciencia de ellas en cuanto meras representaciones.
Ralph Waldo Emerson haciendo uso del fundamento trascedental en su Ensayo sobre la Naturaleza nos dice que la verdadera independencia del individuo se consigue con la intuición y la observación directa de las leyes de la naturaleza.
Para Emerson, el ser humano cuando se encuentra en contacto con la naturaleza, haciendo uso de la intuición y la observación, es capaz de entrar en contacto con la energía cósmica; la fuente creadora de la vida, identificada como Dios -u orden- por los deístas, y como “totalidad” por los panteístas.


En filosofía y literatura, creer en una realidad superior que la adquirida mediante la experiencia de los sentidos o una clase superior de conocimiento que el logrado por la razón. Casi todas las doctrinas trascendentales derivan de la división de la realidad en un reino del espíritu y un reino de la materia.
El trascendentalismo supuso también un rechazo de las estrictas actitudes religiosas puritanas procedentes de Nueva Inglaterra, donde se originó el movimiento. Además, se opuso al ritualismo estricto y a la teología dogmática de todas las instituciones religiosas establecidas.
Más importante aún, los trascendentalistas estuvieron influenciados por el Romanticismo, especialmente en aspectos como el examen de conciencia, la exaltación del individualismo y el elogio de las bellezas de la naturaleza y la humanidad. En consecuencia, los escritores trascendentalistas expresaron sentimientos semi-religiosos hacia la naturaleza, así como el proceso creativo, y veían una conexión directa, o una correspondencia, entre el universo (macrocosmos) y el alma individual (microcosmos). Según esta idea, lo divino impregna todos los objetos, animados o inanimados, y el objetivo de la vida era la unión con el denominado alma superior. La intuición, más que la razón, fue considerada como la facultad humana más elevada. La realización del potencial humano podía ser alcanzada a través del misticismo o gracias a una conciencia profunda de la belleza y la verdad del mundo natural circundante. Este proceso fue considerado como inherente al individuo, y toda la tradición ortodoxa se convirtió en sospechosa.
Entre los líderes del movimiento figuraban el ensayista Emerson, la feminista y reformadora social Margaret Fullerr, el predicador Theodore Parkerr, el pedagogo Bronson Alcott, y el autor y naturalista Henry Thoreau.

El libro más representativo de este movimiento fue Naturaleza de Emerson. Absorbió fuentes en ideologías tan contrarias y heterogéneas como el igualitarismo y humanismo propios de la Revolución, la contemporánea filosofía europea y ciertos aspectos del pensamiento puritano. El idealismo alemán (Hegel, Schelling, Fichte), el Espiritualismo (Swedenborg), el neoplatonismo, el misticismo oriental y aun el pensamiento y las concepciones filosóficas de románticos como Coleridge y Carlyle, no se hallaban ausentes en la ideología trascendentalista.
Del puritanismo adoptó la tendencia a subordinar todo valor al aspecto ético.
Este movimiento sostuvo que el Hombre (más precisamente, su alma) era el centro espiritual del universo, pues solamente en él podía hallarse la clave de la historia, de la naturaleza, y aun del universo mismo.
Donde la teoría trascendentalista se volvía más personal era en la participación asignada al individuo. La virtud y la felicidad – decían – dependen de la autorrealización y esta, a su vez, emana de una armónica conciliación entre dos tendencias psicológicas universales: el impulso expansivo, de trascendencia del yo y el impulso de autoafirmación personal, el anhelo de constituir una individualidad única e indivisa. Aportes espiritualistas, místicos y aun cierta anticipación de corrientes filosóficas posteriores, confluían en distinta medida en la plasmación de esta ideología.
El trascendentalismo sostenía además una especial correspondencia que, según Emerson, debía existir entre las leyes naturales y las espirituales. Como luego lo hará Whitman en sus poemas, Emerson afirma que “el hombre debe ser su propia iglesia”, idea que éste desarrolla y amplía.


Entre los jóvenes intelectuales se comenzaba a hablar de una nueva era espiritual, como respuesta a la profunda insatisfacción frente al viejo patriotismo. La riqueza y el poder de América no les interesaban, deseaban explorar el mundo clásico, la filosofía y la vida interior. Estudiaban las corrientes literarias griegas, la filosofía alemana y entraron en contacto con lecturas de la India.

En el centro de esta actividad cultural e intelectual se encontraban los trascendentalistas, que fundaron un movimiento más dedicado a la profundización en el sentimiento y en las creencias que a un sistema filosófico. Enfrentados frontalmente con el puritanismo conservador y el unitarismo -como movimiento cristiano que no aceptaba el concepto de Trinidad divina- de sus antepasados, consideraban estas concepciones religiosas como frías, negativas y sin vida. Su doctrina se centraba en el descubrimiento de la verdad a través del sentimiento y de la intuición más que por medio de la lógica: la capacidad de conocimiento intuitivo de la verdad, trascendiendo los sentidos.


El pensamiento trascendentalista estaba basado en los siguientes principios: la unidad esencial de toda la Creación, la bondad innata del ser humano, la supremacía del “insight” (lo intuitivo) sobre la lógica y la experiencia, y la tendencia a la unión de lo individual y lo universal.

Ecléctico y cosmopolita, el Movimiento Trascendentalista propugnaba que el alma de cada individuo es idéntica al espíritu universal. El hombre puede desarrollar sus potencialidades divinas, ya sea a través de un éxtasis místico o entrando en contacto con la verdad, la belleza y la bondad encarnadas en la naturaleza: la fuerza vital, incluso Dios, pueden encontrarse en cualquier sitio, ir a lugares sagrados no es necesario, no facilita esa búsqueda.

El poeta y ensayista Ralph Waldo Emerson (1803-82) fue su figura más relevante. El mensaje emersoniano alentaba al individuo a romper con la tiranía de la tradición y alcanzar la libertad que conduce a la realización de uno mismo. Su primer ensayo, Nature, encierra todos los principios de su doctrina.

El movimiento trascendentalista rechazaba los convencionalismos del siglo XVIII y, tras manifestar su disconformidad con el unitarismo, acabaron por repudiar todo el orden establecido, defendiendo reformas que afectaban a la iglesia, al estado y a la sociedad en general. Los trascendentalistas contribuyeron notablemente en los movimientos de la Free Church y en la abolición de la esclavitud.
Emerson señalaba la necesidad de defender la independencia individual despreciando la imitación que dominaba el conformismo, de olvidar lo que la gente pueda pensar, de confiar en el instinto, vencer la duda y enarbolar la bandera de la fe y el optimismo (mensaje renovador por excelencia, por cierto). En su ensayo The Poet condena a los artífices de la palabra, demanda que la verdad logre su supremacía, y reclama que el relato sea la sublimación de la propia existencia.

Declaración de principios.

que no tenemos para comer
que apenas comemos
que los niños comen menos de lo que crecen
leen menos de lo que oyen
hablan menos de lo que piensan
que es fácil enfermarse y muy difícil curarse
que drogan a los pobres con drogas baratas
que drogan a los ricos con drogas caras
que drogan con televisión
con fútbol
con teléfonos
con mentiras
con espanto
con terror
que quiero ser alto y musculoso
que quiero ser flaca y tetona
que quiero tener ese auto cuando hay miles a pie
que quiero esa ropa que es mejor que mi piel
que dependemos de un jefe
dependemos de un líder
dependemos de un sueldo
que los delincuentes te envían a las cárceles
que se apropian lo de todos
y te prohiben lo de ellos
que opinan y no dejan opinar
que la mentira es millonaria y la verdad mendiga
que mi abuelo se quejó
y mi padre se queja
y yo me quejo viviendo en jaque
que el esfuerzo de todos es para unos
y trabajo trabajo
trabajo creyendo digno el único día que hace mi sueldo
y el resto del mes trabajo
trabajo
trabajo en mi contra
¡todos para uno y ninguno para todos!
que la de adelante tiene mal olor
y el de al lado feo aliento
y los de atrás son malas personas
y entonces vamos separados en este laberinto
cuya única salida está hecha para que pase una multitud
y ninguna persona solitaria
que qué vas a hacer
que no podés hacer nada
que para eso están los demás
que por suerte vos...
que siempre fue así
que es así
que así será
que tengo un hijo
que tengo un alma
que tengo miedo
que ya vamos a estar mejor
que vamos a estar bien
que vamos a estar igual
que vamos a estar...
que deseo comprar lo que no necesito
quiero eso porque lo ví en la pantalla
canto eso porque lo oí en la radio
digo eso porque lo leí en el diario
pienso eso porque no me enseñaron a pensar
que lo importante es el amor
y los chicos que no lo tienen carecen de importancia
que hay vida en otro planeta
y se mueren los de acá
que yo no me meto y me quedo afuera
que vos no te metes y te quedás afuera
que el otro se mete y lo sacan de este mundo
¡que funcione y entonces me sumo!
que allá ellos
que acá ellos
y en todas partes ellos
¡nos invadieron sin tocarnos!
que dios es bueno
es justo
y también existe,
que iré al cielo
aunque puede estar alambrado como la tierra
que yo soy más importante que tú
yo soy más importante que él
yo soy más importante que nosotros
yo soy más importante que vosotros
yo soy más importante que ellos
soy más feliz si compro
soy más feliz si uso
soy más feliz si no soy
que no me toquen el bolsillo
que debo el dinero que me robaron
y no tengo para pagar lo que me quitan
que sacamos el olor pero no la basura
que matan y los asesinos sonríen en el cemenerio
que el patroncito me caga y le limpio el culo
que mi vida va a parar a un banco suizo donde nadie cuenta la
pobreza
que mientras los muertos no sean por bomba considero que hay
paz
que la princesa tuvo un romance y la vecina es una puta
que el artista está alcoholizado y mi amigo es un borracho
que el hijo del juez se equivocó y mi hijo es un delincuente
que el policía cumplió su deber y el malviviente es un asesino
que el blanco sonrie y al negro no le quedan dientes
que ajustan el cinturón pero no las sotánas
que gano en lata y pago en oro
que nuestros ahorros son deudas
que la industria se importa
que mi única tierra la llevo en las uñas
que las malvinas son argentinas
y argentina no se sabe de quién es
que entierran a los negros y se llevan el petróleo
que sacan el gas y nos dejan la mierda
que encierran el agua y nos dejan la sed
que talan un bosque y muestran el arbustito que plantaron
que protesto y soy violento
que me defiendo y soy terrorista
que me dejo y soy buen ciudadano
que esto se termina
que esto recién empieza
que no nos alcanzarán las montañas para sepultarlos.
(Guillermo De Posfay)